La historia de FRANCIS farm.
Todo comenzó en pandemia, cuando decidí buscar una vida en el campo. Me guiaban los recuerdos de mi infancia, de aquellas visitas a mis abuelos, de un tiempo que hoy parece lejano: un tiempo en el que la vida se sentía más simple, más lenta, más tranquila.
El deseo de construir una vida mejor para mi madre y para mí fue el motor más fuerte de esa búsqueda. Pero para empezar de nuevo, primero había que soltar. Había que dejar atrás el lugar en el que habíamos vivido toda mi vida. Y eso fue tan dificil como la búsqueda de un nuevo lugar.
Encontrar el lugar indicado parecía casi imposible. Tenía que estar dentro de nuestro presupuesto, tener tierras onduladas, agua corriendo de forma natural, estar cerca del pueblo y, al mismo tiempo, sentirse como en medio de la nada.
Y sin embargo, apareció. Justo cuando menos lo buscaba. Y tenía todo lo que había soñado.
Ahí entendí que el viaje ya había comenzado. Y que no iba a detenerse.
Llegó cuando menos lo pensaba
El viaje ya había comenzado, y no iba a detenerse.
El resto ya es historia. Meses limpiando el predio, imaginando lo que podía llegar a ser, soñando y proyectando el futuro.
Y también meses que terminaron siendo los más difíciles de toda mi vida.
Mientras la construcción de la casa comenzaba, la salud de mamá parecía deteriorarse cada vez más. Ese momento se volvió una mezcla muy extraña para mí. Por un lado, la alegría de ver materializarse un sueño que había imaginado durante años. Y por otro, la frustración, el desánimo, la tristeza y el cansancio que traían las complicaciones de salud de mamá. De pronto me encontré en medio de una construcción, prácticamente solo, tratando de sostener todo al mismo tiempo. Muy cansado, muy agotado. Intentando dar lo mejor de mí en un momento en el que todo parecía estar saliendo mal.
Era una sensación difícil de explicar: sentirme feliz, pero también triste y asustado. La mezcla rara que es la vida. Lo bueno y lo malo. El blanco y el negro conviviendo en el mismo momento y en el mismo lugar.
En la madrugada del 23 de julio de 2024, llegó un día que nunca pensé que llegaría tan pronto. El día en que mamá me dijo adiós. El mundo se me derrumbó. De repente, todos los sueños y anhelos parecían haber perdido sentido. Fueron, sin duda, los meses más difíciles de mi vida.
Recuerdo decirme a mí mismo algo que, de alguna forma, me sostuvo: que aunque me sintiera que no sabia nada, sabía que nada malo podía venir de algo tan bueno y hermoso como lo fue nuestra historia.
La tormenta pasó. No sin antes obligarme a replantear muchas cosas: la forma en la que vivía, en lo que creía, la manera en que me comunicaba con los demás y cómo elegía enfrentar la vida.
Crecí. Sané. Acepté. Solté.
Y, casi sin darme cuenta, me encontré terminando la casa y empezando a hacer nuevos planes. Planes diferentes. Todavía con tristeza, pero soñando otra vez. FRANCIS también se replanteó. Lo que la granja iba a ser. Y lo que yo quería ser.
Hoy, mientras escribo esto, FRANCIS pretende ser una herramienta para sanar. Para mí, y para ustedes. Un lugar para soñar, crecer y aprender juntos.
El lugar donde quiero pasar mi vida.
Haciendo las cosas que me hacen feliz, en un lugar que me hace feliz.
Creando, construyendo, cuidando y soñando.
Por eso, en esta etapa de mi vida, elijo compartir con ustedes el proceso y el proyecto que es FRANCIS.
Con mucho cariño.
FRANCIS.
FRANCIS (Ezequiel)
Tengo 31 años. Nací y me crié en una ciudad de apenas tres mil personas, rodeada de campo. Desde chico fui curioso. Siempre me gustó construir cosas, trabajar en el jardín, desarmar cosas para entender cómo funcionaban, inventar, decorar, imaginar espacios.
Hoy, cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que todas esas pequeñas cosas me fueron trayendo, paso a paso, hasta el lugar donde estoy ahora.
Cuando terminé la secundaria fui a estudiar Bellas Artes, pero lo dejé después de un año. No tengo títulos universitarios, pero hay algo que sí me llena de orgullo: poder decir que soy autodidacta. Mi motor siempre fue la curiosidad. Las ganas de aprender, de formarme, de cultivarme constantemente. Esa necesidad de entender cómo funcionan las cosas y de intentar hacerlas mejor.
La vida no ha sido fácil. Pero aun así encuentro consuelo y agradecimiento en todo lo que pasó, porque cada experiencia, incluso las difíciles, me fue trayendo hasta acá.
Toda mi vida fui, “un nene de mamá” muy apegado a ella.
Y tuve la suerte de poder cuidarla durante casi diez años mientras vivía con esclerosis múltiple. Durante ese tiempo pude acompañarla y darle una vida mejor.
Ella fue el impulso que me llevó a crear FRANCIS, en 2017